Fue su hermano quien lo llevó por el camino de la música. Ignacio Cortínez estaba en Educación Media, no sabía tocar ningún instrumento y se estaba formando una banda entre sus cercanos. Faltaba vocalista y baterista. No tuvo opción… como no sabía cantar, se quedó con la batería.

En el mismo grupo, su hermano tocaba el bajo y dos amigos la guitarra. “Eduardo Villa, mi mejor amigo del colegio, con el que toco hasta hoy, fue elegido vocalista. Ensayábamos en las casas, generalmente en la mía, que tenía un subterráneo. Tocábamos música ochentera, rock, en tocatas, fiestas de curso o de colegio. Era muy entretenido”, recuerda, y añade entusiasmado, “ese fue el primer incentivo para entrar a la banda y aprender, la vida social”.La batería llegó a su vida de un día para otro. Le enseñó un profesor en su casa y luego un baterista mayor, que conoció en un tocata. Más tarde siguió sólo. “Durante la época del colegio nos mantuvimos juntos, pero al entrar a la universidad cambió la dinámica. Nos dispersamos y el grupo se desarmó”.

Mientras estudiaba, Ignacio no dejó de la batería. En la Facultad Norte de la Universidad de Chile, el grupo de teatro de la escuela ensayaba “El quiebrespejo y otros sueños”, de Marco Antonio de la Parra. Tradicional obra que se realizaba todos los años y relata las vivencias de un estudiante de medicina. “Cuando estaba como en tercer año, armamos otro grupo con Eduardo, que estudiaba Ingeniería Comercial. Nos prestaban una sala de ensayo en Bellavista y tocábamos en pubs. Casi todo el tiempo nos llamamos Generación Perdida, y con ellos toqué durante toda la carrera. A estas alturas ya no era por vida social. Con el tiempo uno se va dando cuenta de que estás en la música porque te gusta, porque te entretiene, porque sirve para salir de la rutina, porque hay una cuestión social de amistad, por la conversa, es muy entretenido”, explica, para aclarar que nunca aspiraron a ser famosos, ni a profesionalizarse porque eso implicaba estudiar y dedicar demasiadas horas a una actividad que no era su profesión. La meta era llegar a un nivel de ejecución que les permitiera disfrutar de la música, como un buen hobby.

 

La vida cambia, la música sigue

Pasaron los años, Ignacio partió a EE.UU. a estudiar, y a su vuelta el panorama había cambiado; “estábamos todos casados, con varios hijos, con una familia, harto trabajo y con poco tiempo para ensayar. De todas maneras seguíamos juntándonos y tocando. Lo pasamos muy bien, pero hace unos años Generación Perdida se desarmó. Fue como buen grupo de rock, con pelea y todo“, cuenta. Pero las ganas de continuar en la música seguían, por lo que algunos integrantes siguieron tocando por un tiempo. En paralelo, desde 2009 Ignacio ya se había integrado a una banda formada mayormente por doctores, que tocába esporádicamente en algunas ocasiones: congresos, cursos de la Red Salud UC, eventos en los que lo pasaban bien. En esta pasada, cuando se agruparon de manera más formal, aprovechó de integrar como vocalista a su amigo inseparable, Eduardo Villa.

 

ICtocand

Así, durante un año estuvo dos bandas, ¡literalmente! Dos ensayos a la semana eran demasiado, por lo que tuvo que dejar que Generación Perdida siguiera su rumbo. “Tuve que optar y me quedé con los doctores. Hoy somos: en la guitarra,Claudio Bustos, otorrino de Integramédica y compañero en la universidad; en el bajo,Pablo Villanueva, neurocirujano y también compañero; en el teclado,Gonzalo Urrejola, coloproctólogo de la Red Salud UC; batería, yo,Ignacio Cortínez, anestesista; y nuestro vocalista es Eduardo Villa, que es único no doctor”, cuenta orgulloso, aunque admite que a pesar de los años que llevan juntos, no tienen un nombre de banda, “es un tema complejo, no nos llamamos por un tiempo, después nos pusimos Chispados, por una talla interna de una anécdota muy divertida. De ahí pasamos a Dementes, pero a nadie le gustaba mucho. Ahora no hay caso que nos pongamos de acuerdo, así que lo damos por tema superado”, dice entre risas y plancha.

 

 

Historia destacada: La importancia del bajo

En la mitad de nuestra entrevista llega a desordenar la reunión el bajista de este grupo de doctores, Pablo Villanueva, neurocirujano de la UC. Entra a la oficina y de inmediato comienzan los chistes y las “tallas”. Pablo va aportando a la entrevista, pero desde su punto de vista y sus gustos. Su participación nos da un panorama más colorido de esta banda. Para partir, aclara que le encanta el jazz y también un tipo de música que no tiene nada que ver con el rock. “Esa música la toco en la casa, no es muy masiva y no me imagino haciendo una presentación de eso. La banda es un cable a tierra y tiene la gracia de poder concretar la ejecución musical con más gente. Hay una energía que se da con el rock que es inigualable. Desde el punto de vista psicológico también es interesante observar las interacciones que se producen, porque todos vibran, por las discrepancias, por las sugerencias. Además, después de mucho tiempo, a pesar de las diferencias, ahora muchas veces basta una mirada para saber qué pensamos… y eso es muy bueno”, cuenta.

– ¿Qué música escuchas o vas a ver?
– Me gusta el rock progresivo, voy harto a esas locuras, Tony Kevin, Adrin Belling, algunas cosas que se presentan en el Nescafé de las Artes, etc. Soy fanático de Akineton Retard, un grupo chileno bien rayado, y de Congreso. Me gusta ir a los recitales, incluso cuando no tenía plata. Una vez viajé a Buenos Aires a ver a Lou Reed y no tenía ni un peso.

La importancia del bajo

Entre risas y anécdotas, Pablo nos cuenta una historia que lo marcó, y que le sirve para ilustrar que el bajo es fundamental para una banda. “Yo era fanático de un grupo californiano que se llama Cake, que conocí a través de un amigo, porque el bajista hace cosas muy entretenidas. El año 2006 me tocó ir a Boston y caché que tocaban como a tres horas de ahí. Así que partí a verlos solo, a un pueblo enano, con una sola calle. Después del recital me fui a un bar y ¡llegó el grupo a ese bar! Por casualidad conocí a una brasileña ahí que resultó ser muy amiga de ellos, así que me los presentó y estuvimos toda la noche conversando. Fue muy choro, resultó que el vocalista estaba muy involucrado con Chile porque era bien ambientalista, con el tema de la Patagonia y la capa de ozono, así que tuvimos tema. Lo divertido es que durante el recital me di cuenta de que el bajista me encantaba era lo más fome que hay, no transmitía nada. ¡Una lata! y él no fue al bar. Entonces, al irnos les pregunté si el bajista era el mismo de siempre… me contaron altiro que sí, que era espectacular y que para ellos era la base, y que gracias a él existían. El vocalista me dijo: ”Es súper importante que una banda
tenga buen bajo”, y yo le dije “yo soy bajista, el problema es que yo no toco tan bien”… me miró y me dijo: “Sigue intentándolo”, jajaja. Nunca me voy a olvidar”.

 

Claudio Bustos, Eduardo Villa, Pablo Villanueva e Ignacio Cortínez.

Claudio Bustos, Eduardo Villa, Pablo Villanueva e Ignacio Cortínez.

 

Scanner:

Qué tocan, en qué se inspiran y cuáles son sus motivaciones, acá se lo contamos en sus propias palabras.

ICBateriaQué tocan: Nos hemos ido ajustando porque tenemos diferencias de gustos. Hay discusiones, conversaciones, motivaciones y finalmente va saliendo. Tocamos rock que va desde fines de los ‘60 como The Doors, Deep Purple, hasta cosas de los ‘90, como Perl Jam, U2, Police. Tratamos de tener un repertorio variado. No hay grupo que no hayamos tocado, tratamos de tener dos canciones de un par de grupos y del resto una de cada uno. Además no son las típicas que interpretan todas las bandas que hacen cover. Buscamos temas con desafíos musicales, más complejos y que toman más tiempo de preparación. A veces las ensayamos meses para que salgan bien (carcajadas).

Inspiración: Más que inspiración, es trabajo. Nos pusimos la meta de tocar temas difíciles. Tratamos de subir la exigencia musical y de que todos los instrumentos tengan una participación importante.

Ensayos: Tratamos de que sean todas las semanas, aunque es complicado. Cuesta mucho mantener una constancia, así que tratamos de mantener un día fijo de ensayo y de respetarlo. Pero si alguien no puede, es casi imposible buscar una alternativa, así que lo damos por perdido. Hasta la próxima semana. A la larga funciona dos a tres veces al mes.

Lugar: En mi casa, donde tengo una sala de ensayo chiquitita, acondicionada con esponjas para no hacer ruido. Ensayamos con los instrumentos porque nos gusta escucharnos de verdad. Tengo una batería eléctrica para no hacer ruido, pero nada reemplaza el sonido de una banda.

Tocar con doctores: Es horrible tocar con puros doctores, porque somos  desordenados en nuestra forma de vida. No dejamos el celular, tenemos turnos, emergencias, es complicado. Lo bueno es que no somos egocéntricos, no queremos ser protagonistas. Otro punto positivo es que somos bien exigentes para ser una banda amateur, los niveles de exigencias vienen de la pega, lo llevamos de ahí.

Familia: Me acompaña harto, gozan cuando ensayamos. El más chico aprovecha de irse a mi cama, dice que si no, no puede dormir, jaja. En mi casa todos están relacionados con la música de alguna forma.

Dónde se presentan: Casi siempre en eventos del Hospital UC, también en bares. Usamos el sistema de cerrar el local e invitar a los amigos. También nos han pedido tocar en cumpleaños y a veces podemos cobrar. Lo que ganamos lo invertimos en cables, en personas que nos ayuden a instalarnos, transporte y esas cosas. Por ejemplo, en tocatas o lugares grandes, contratamos un sonidista.

Recitales: Cuando me fui a EE.UU. me dije, esta es la mía, voy a ir a ver a los mejores grupos, voy a estar dos años aquí. Al final, el mejor recital que fui debe haber sido uno de Barney o alguna otra cosa de niños. ¡No fui a ningún recital! Nunca tuve la posibilidad porque íbamos con guaguas chicas, sin nanas, etc.En Chile he ido a ver a Maná, que me gusta, y he acompañado a mi señora a ver a Arjona, mucho más que a una banda de rock.Per sí hemos ido en grupo a ver a Rush, Paul Maccartney, Pearl Jam, los recitales grandes.

Una banda: Tener una banda ha sido una entretención mayor en mi vida, un desafío. Al principio era algo novedos, que te daba acceso a fiestas, a un perfil atractivo para la edad. Te abres a algo social y la batería la encontraba chora. En esta etapa me entusiasma interpretar temas difíciles, ir mejorando. Me pongo mateo, a veces estoy horas tratando de sacar algo, o mejorar mi técnica en velocidad. Ya no pienso tanto en si la gente baila o no baila, me dan lata las canciones fáciles. Me entretienen más los desafíos, sin ser profesional.

Terapia: Los ensayos nos sirven de terapia. Llegamos corriendo, a veces con mala cara, es bien lejos y salimos revitalizados. Vamos a tocar esas dos horas, no a conversar de la vida, pero es muy terapéutico.

 


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